El sábado a eso de las 7.20 h de la mañana recogía a Alberto en su casa para marchar en busca de una basses a el pantano de La breña (Córdoba), como siempre con mucha ilusión y con la certeza de que sería esa gran jornada de pesca que siempre nos ronda la mente la noche antes.
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Pero ocurrió todo lo contrario, me encantaría contaros otra cosa, pero la realidad es que ha sido la peor salida desde que estoy en el mundo de la pesca.
Sobre el papel todo era ideal, la hora de llegada al pantano, la temperatura era magnífica, el agua cristalina y limpia, unas calitas ideales para estar hasta las trancas de basses, toda una orilla para nosotros solos sin nadie que nos molestaras, bueno si nos molestaron algunos quinquis, con una lancha motora a todo trapo y con la música a toda voz, pero como oían e El Fari, yo por lo menos les perdono todo, que grande, El Fari digo, no ellos. Pues lo dicho todo perfecto, pero nada ni una sola picada, ni siquiera se veían y lo peor de todo fue cuando Alberto vio insecto muertos sobre el agua, extraño que no se lo comieran los peces, es que no había peces.
Cuando estábamos recogiendo las cañas nos ocurrió lo peor de todos, Alberto sacó un pezqueñín lo cual nos calentó, seguimos orilla "pa lante", pero nada de nada.
No he andado más en mi vida y todo lleno de montañas.
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Y lo peor estaba por llegar, no suelo tener maravillosos días de pesca, pero si suelo VIVIR grandes días de pesca, uno de los mejores momentos de esos días es cuando sacamos debajo de una encina el canasto, aunque llueva y un autobús de chino nos echen fotos, la comida en la naturaleza es lo mejor, pues en esta ocasión tuvimos que almorzar de pie y en el parque del pueblo, vamos tristísimo.
Una cosa hay clara, el siguiente día de pesca, sin duda alguna, será mejor, ¿peor no va a ser no Alberto?.
Lo mejor de todo una vez más, es que con Alberto siempre el aprendizaje y las risas están garantizadas.




















